Acompañando la locura

Sin duda alguna, uno de los errores más comunes que continuamos cometiendo los profesionales que nos dedicamos a la salud mental es la manía de fijarnos sólo en los déficits del paciente. Siempre hacemos notar “lo que falta” pero no nos fijamos en “lo que sí tiene”, cuando en realidad, la base de toda mejoría se basa en potenciar los recursos del paciente.
Uno de estos recursos que más influye en el tratamiento de cualquier síntoma o trastorno mental es el hecho de que el individuo posea una red de apoyo a su disposición formada por familiares, amigos, vecinos, compañeros, etc. Este punto es tan importante que no pocas veces el sufrimiento del paciente no tiene tanto que ver con sus síntomas, sino con el hecho de que estos le incapacitan para formar o mantener relaciones con sus semejantes. En otras ocasiones aunque el paciente cuente con una red de apoyo, ésta no es lo suficientemente amplia y/o los vínculos con sus allegados están demasiado deteriorados.
Para aquellos casos más graves donde no es suficiente un tratamiento farmacológico o una terapia individual, recurrimos al acompañamiento terapéutico. En esta modalidad de intervención el profesional trabaja dentro del domicilio y de la comunidad del paciente con el objetivo de crear una red de apoyo normalizada, ayudando al sujeto a crear nuevos vínculos o cambiando y mejorando las relaciones ya existentes.
El acompañante terapéutico se mueve en el ámbito de lo cotidiano, comparte tiempo y actividades con el paciente y su principal herramienta consiste en posicionarse de una manera distinta frente al sujeto y sus circunstancias. Ofrece una nueva forma de ver al sujeto que rompe con lo que está acostumbrado. Posibilita que tanto el paciente como sus allegados se fijen en cualidades que ya estaban presentes pero que no se reconocieron ni potenciaron, logrando ver al sujeto más allá de la enfermedad. Incluso los síntomas y trastornos más graves bajo esta perspectiva pueden adquirir una nueva significación, haciendo que no sean tan destructivos para el individuo y su entorno.Una película que puede ayudarnos a entender la perspectiva de estos profesionales que van más allá del déficit y que actúan en el marco de la comunidad es la encantadora “Lars y una chica de verdad” (2007) de Craig Gillespie, protagonizada por un enternecedor Ryan Gosling.
Lars es un chico simpático pero retraído que vive en un pequeño pueblecito, junto con su hermano y su cuñada que esperan un bebé. A pesar de que Lars es un individuo autónomo, capaz de desempeñar un trabajo y de mantener una relación cordial con sus vecinos, se percibe que Lars es un chico cuanto menos “peculiar”, pero no importa. Tanto sus familiares como vecinos aceptan sus particularidades y le quieren como es.
Gracias a esa aceptación, cuando Lars desarrolle un delirio que le haga dar vida a una muñeca de silicona, la gente de su alrededor aún confusos y asustados serán capaces de ayudarle siguiendo los sabios consejos de la doctora del pueblo. Esta profesional en lugar de contradecir el delirio de Lars o de correr a ponerle una etiqueta diagnóstica, se muestra cauta y considera que si el muchacho ha creado este síntoma es porque de alguna manera lo necesita: es la mejor manera que ha encontrado Lars para lidiar con su situación.
En este caso en concreto, nuestro protagonista se siente solo. Se da cuenta de que su hermano tiene algo especial con su mujer y ese bebé en camino y él también quiere tenerlo, pero no sabe cómo. Para cualquier individuo lograr el ajuste necesario con otra persona y que una relación funcione es difícil, pero para Lars hacer este acercamiento es prácticamente imposible. Por eso crea una novia “a medida” cuyas necesidades y requerimientos Lars siempre podrá cubrir. O eso cree él.
Porque la grandeza de este pueblo es que como red de apoyo para Lars es inmejorable. Se involucran tanto en dar vida a la siliconada Bianca que ésta acaba teniendo su propia personalidad y una vida social tan activa que muchos la querrían para sí. Lars a través de este artificio aprenderá que la clave para vivir en pareja es respetar que el otro tenga sus propios deseos y espacio sin sentirse amenazado por ello. Nuestra Bianca es una novia “transicional”, un objeto que posibilita que Lars pueda pasar a tener una novia de verdad, pero esto no habría sido posible si Lars no hubiera tenido toda una comunidad dispuesta a “acompañarle” en este trance.

Artículo para www.domingodecine.es

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