El signo negativo

¿Son todos los hombres iguales? ¿Lo son las mujeres? A veces en la guerra de sexos la generalización ha sido el desahogo de muchos tras un desengaño amoroso. Y algo de verdad tiene, pero no en el sentido que se le da. Las elecciones de pareja, por mucho que las racionalicemos y adornemos, son en su mayoría inconscientes. No sabemos por qué nos gusta realmente una persona, simplemente la queremos y el amor parece empeñarse en ir siempre en contra de la lógica. Incluso cuando esa persona no tiene nada bueno que ofrecernos, podemos seguir enganchados a ella.

En un primer vistazo a la película de ‘Mud’ (2012) dirigida por Jeff Nichols, la conclusión rápida que podríamos sacar es que las mujeres son malas, muy malas. Y ellos unos pobrecitos tontos, muy tontos. Afortunadamente este viaje a la madurez del joven Ellis (Tye Sheridan)  está plagado de detalles que nos lleva a otra reflexión: el amor se escribe siempre con signo negativo. Y ese signo negativo surge de la resta entre lo anhelado y lo hallado. Si hay algo que une a hombres y mujeres por igual es que al amor nunca cumple con nuestras expectativas. Y cuando ese signo negativo toma un valor absoluto tornando el ajuste de expectativas en un imposible, la ruptura se hace inevitable.

Así el joven Ellis debe afrontar su despertar sexual justo cuando sus padres están en pleno proceso de separación. ¿Cómo creer en el amor cuando para tus padres no ha sido suficiente? Ellis se aferrará a un sueño, el sueño que le otorga un fugitivo de la justicia, Mud (Matthew McConaughey), que trata de reunirse con su adorada Juniper (Reese Witherspoon).  La lucha por preservar este amor idealizado se convertirá en el viaje hacia la madurez del joven Ellis, pero también del ya crecidito Mud que ha dejado su vida en suspenso para realizar un sueño imposible.

Imposible porque la completud no existe, ni siquiera en el amor. No basta con amar a una persona, luego vienen todos los problemas de la vida cotidiana que son los que ponen a prueba una relación y ahí es donde lo fantaseado se desvanece. Porque el amor está muy bien, pero no da de comer y tampoco nos cura de nuestras inseguridades aunque ése sea su señuelo. Todos los personajes de nuestra película se quedan en signo negativo y sufren por el resultado de esa resta, pero eso es sólo porque de entrada pidieron al amor más de lo que éste podía dar. Por ejemplo en el caso de los padres de Ellis, su madre sufre porque pide al amor que su marido venza sus miedos y cambie de vida por ella, mientras que su padre pide al amor que su mujer se conforme con la vida que puede ofrecerle y no aspire a más.

El resultado final es que parece que todos los hombres son iguales y las mujeres también. Pero en realidad lo que no cambia son las fantasías que proyectamos en nuestras parejas, sean quienes sean, y eso es lo que las iguala. Si esperamos que el amor nos de la felicidad, cuando nuestra pareja fracase en dárnosla porque es algo que realmente no está en sus manos, nos enfadaremos con ella. Si le demandamos que nos facilite el estilo de vida que nosotros no hemos sido capaces de conseguir y fracasa, la pareja será la inútil y nosotros los defraudados. Si su presencia no logra exorcizar nuestros miedos e inseguridades la culparemos por no darnos lo que necesitamos. Incluso podemos acabar con seres despreciables porque lo que le pedimos al amor es ser tan fascinantes que el otro cambie gracias a nuestro influjo. Antes de demonizar al otro, deberíamos preguntarnos si lo que le pedimos realmente entra en el orden del amor o es un imposible que provocará una resta de signo negativo.

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