You: viviendo el delirio romántico

¿Por qué deberíais ver ‘YOU (2019)’ de Netflix?

La respuesta corta sería porque es una pasada súper entretenida.

La respuesta larga es que seguramente te sientas identificado con sus personajes, las dinámicas de relación que tienen con pareja y amigos, cómo integran las tecnologías en sus vidas y lo mal que estamos todos en general por culpa del romanticismo mal entendido.

La serie tiene clara su intención de ser una representación quijotesca del mito romántico, con un protagonista que bebe mucho de ‘Dexter (2006)’. La diferencia entre ambos es que Dexter se presentaba así mismo sabiendo que era un asesino sin sentimientos mientras que Joe (Penn Badgley) está convencido de ser el último hombre realmente caballeroso sobre la faz de la tierra y todas sus acciones en su mente están justificadas bajo este ideal.

Aunque ‘You’ permite un montón de reflexiones sobre muchos temas de actualidad como el uso de los móviles y redes sociales para potenciar los celos y tener comportamientos posesivos; aquí me centraré más en el daño que han hecho y siguen haciendo las ideas ampliamente expandidas sobre el amor romántico y cómo están tan interiorizadas en todos nosotros que no podemos escapar a su influencia.

Si desde la neuropsicología se estudia el amor como una reacción química donde en un primer momento tenemos grandes cantidades de dopamina (relacionada con el placer y la recompensa inmediata, sensación de euforia), adrenalina (alegría, nervios, activación), feniletilamina (intensidad) y algo de serotonina y oxitocina (más relacionadas con el bienestar a largo plazo); la cultura y su transmisión a través del aprendizaje es lo que determina nuestras expectativas sobre las emociones que la química cerebral desata en presencia de una persona que nos gusta.

Así pues, estas reacciones químicas y las emociones que provocan son universales, pero la manera de interpretarlas y lo que esperamos de la pareja no lo es y va variando según el lugar, la época y el individuo. Y desde hace ya algunas décadas el ideal romántico es el que se trasmite en nuestra sociedad como el deseable, buscando que las emociones intensas del inicio del enamoramiento se prolonguen a lo largo del tiempo y cuestionando la viabilidad de la pareja cuando esto no sucede.

Y sí, justamente estas reacciones químicas tan intensas son similares a las desencadenadas por el uso de drogas y la serie es consciente de este paralelismo resaltándolo en varias ocasiones. La adicción a las drogas suele desarrollarse sobretodo en aquellas personas que buscan emociones intensas y placenteras porque no son capaces de sobrellevar la frustración de buscar recompensas más elaboradas y distanciadas en el tiempo. Dicho de otra forma: me drogo porque odio mi vida y quién soy pero hacer lo necesario para cambiar me enfrenta a mis limitaciones y es más fácil evadirse.

Como ocurre con el abuso de drogas, otras adicciones surgen al amparo de esta tensión entre una autoestima muy baja y un ego muy grande. Nuestra sociedad neoliberal a alimentado la falsa creencia de que no eres nadie si no tienes éxito y reconocimiento, facilitando además las herramientas para hacernos creer que si no lo consigues es tu culpa porque con las redes sociales todo el mundo puede ser relevante para el resto, ¿relevante por qué? Eso es algo totalmente secundario.

El amor romántico es quizás el ideal imposible más fuertemente interiorizado por todos nosotros y más retransmitido por todos los medios y RR.SS. Junto al resto de ideales imposibles (de belleza, éxito, realización, fama..) no hace falta ser una persona con unas circunstancias de vida muy traumáticas para sentirse fracasado. Es lo que le ocurre a nuestra protagonista Guinevere Beck (Elizabeth Lail), una chica de lo más normal y que se siente fatal por ello. Es guapa pero no perfecta, es talentosa pero hay gente con más talento, tiene conflictos y traumas familiares pero como la mayoría de las personas, no es pobre pero no es de clase alta y tiene dificultades para mantener y lograr el nivel de vida que cree que debe poseer. La pregunta es ¿está tan mal Beck? No, ni mucho menos. Pero ella oculta y miente porque se avergüenza de todo aquello que no es perfecto en su vida y nos podemos reconocer en ella y en otros personajes que la rodean en sus contradicciones.

Precisamente la hipocresía de esas contradicciones es lo que Joe detecta al instante y lo que le permite justificar todas sus acciones tanto con Beck como con su entorno. Él es un radar detectando la inseguridad y la mentira. Lejos de delirar, sus suposiciones acaban siendo dolorosamente certeras. El gran problema de Joe, lo que le hace tan atractivo y peligroso a la vez, es que él no es capaz de ver que también está bajo esas contradicciones. La capacidad de introspección de Joe, de autocrítica, es inexistente y según conozcamos un poco más sobre él empatizaremos con su falta de perspectiva.

Nuestro Quijote no es un chico seguro, todo lo contrario, las personas seguras pueden dudar de sí mismos y escuchar el punto de vista de los demás sin sentirse amenazadas. Joe está en una certeza defensiva, al igual que Peach, la mejor amiga de Beck. Ambos comparten unos cuidadores que les han dicho lo que deberían ser. No es raro que ellos también a sus seres queridos intenten amarles de la misma manera, haciendo lo que es “mejor” para ellos desde su punto de vista. Ese cuidado aparentemente “desinteresado” es lo que luego utilizan para mantener a la persona insegura a su lado, tratan de provocar la culpa para enganchar. Cuando la culpa no es suficiente, pasan al cuestionamiento (¿seguro que quieres….?), el aislamiento (tus amigas no se preocupan por ti como yo), la desvalorización (no te creas capaz de…) y si nada de esto funciona la agresión tanto verbal como física.

Podemos resumir diciendo que la pareja tóxica, al igual que las drogas, es el sustituto o vía de escape ante un proyecto de vida que se vive como fallido. Frente a la frustración, la envidia, la inseguridad… Nos volcamos en la pareja en un intento desesperado de encontrar una felicidad que nos prometieron como constante e intensa. Cuando la pareja también falla en cumplir la expectativa surgen reproches, desilusión, posesividad, celos, violencia… Toda una serie de mecanismos para castigar al otro por no darme lo que yo no he sido capaz de conseguir por mí mismo.

Así pues, ‘You’ se presenta como una propuesta divertida pero muy seria a la vez para reflexionar sobre el amor, nuestro mundo pero sobretodo sobre nuestras expectativas; cómo se construyen y moldean para ayudarnos o sabotearnos según sean más o menos realistas.

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