Malestares Navideños

Llegan las Navidades y con ellas las comilonas, los regalos, las reuniones familiares, las fiestas con los amigos… y más veces de las que pensamos también hacen acto de presencia el estrés, la ansiedad, la tristeza y otros padecimientos psíquicos. Y es que estas fechas tan señaladas no siempre son sinónimo de felicidad por diversos factores.

Una de las casusas más frecuentes de sufrimiento en estas fechas tan emotivas es el recuerdo de aquellos seres queridos que ya no están con nosotros. Para aquellos que han sufrido una pérdida recientemente, las Navidades suponen el primer gran recordatorio de la ausencia del fallecido. Incluso cuando la pérdida fue hace tiempo, siempre surge en nuestra memoria algún recuerdo que puede vivirse con excesivo dolor si esa ausencia no hemos logrado superarla correctamente, como ocurre en los duelos patológicos. El proceso normal del duelo permite que el recuerdo del ser querido, aún guardado con amor y revivido con tristeza, pueda convivir con el afecto y la alegría compartida por todas aquellas personas que sí viven y nos rodean. Cuando una persona se aísla en su dolor por el ausente, sin ser capaz de vivir nuevos felices momentos con quiénes todavía están ahí, suele ser señal inequívoca de un duelo patológico.

No es necesario algo tan doloroso como la pérdida de un ser querido para sentir cierto malestar psíquico. Es habitual en estas fiestas que la ansiedad haga aparición por el estrés de las compras, las aglomeraciones, la preparación de las cenas y comidas… Es importante no perder de vista que el objetivo de estas fechas es pasar un tiempo de calidad con nuestros seres queridos, todo lo demás es absolutamente superfluo. En el momento en el que una de estas tareas se vive con más displacer que alegría, deberíamos pararnos a pensar si realmente es necesaria y cuál es el objetivo de la misma. Para evitar malestares innecesarios, replantearos cuál es la Navidad que queréis vivir y cómo podéis organizarla ¿realmente son necesarios tantos regalos? ¿se puede disfrutar de una cena más sencilla en la que cada invitado haga una pequeña aportación? Ante todo tener claro que ésta es una época dónde lo emocional debería primar sobre lo material.

Incluso con una buena organización siempre pueden surgir tensiones, derivadas en su mayoría de las reuniones familiares. No es raro que surjan roces en la pareja porque no logren llegar a un acuerdo sobre con quién pasar estas fechas señaladas por las presiones que reciben de las familias de origen. A la hora de negociar para llegar a un acuerdo, tener siempre en cuenta que la solución nunca será todo lo satisfactoria que se desearía. Ambos deben asumir que deben renunciar a parte de su tiempo con los suyos para cederlo a la familia del cónyuge. Lo más importante es recordar que ante todo debe prevalecer el interés del nuevo conjunto familiar sobre el de las respectivas familias de origen.

Cuando llegue el momento de la reunión, a tener presente que por muy mal que nos caigan ciertos familiares o por muchas rencillas que haya, éste no es el momento de sacar a pasear los fantasmas del pasado. Considerad dos cuestiones. Primero que es un esfuerzo temporal, todo pasa y la idea es que pase de la mejor manera posible. Y segundo, que por muy irritantes que sean algunos de nuestros familiares la máxima de “dos no se pelean si uno no quiere” cobra aquí todo su valor. Ante un comentario sarcástico o una indirecta dañina, lo mejor es dejarlo pasar para no estropear la velada. Siempre hay otros momentos y lugares para aclarar las cosas y sobre todo, recordad que para que el otro pueda hacernos daño, debemos dar valor a sus palabras.

Las Navidades también suelen traer consigo un agravamiento general de los síntomas depresivos. Hacer revisión del año que se va puede traernos la sensación de que no hemos hecho nada nuevo con nuestra vida, que sólo se ha ido otro año más y que ha sido otra vez un año perdido como lo serán los siguientes. Cuidado cuando este tipo de pensamientos empiezan a instalarse en nuestra mente porque pueden ser indicio de una depresión en ciernes o el agravamiento de una que ya se padecía. Siempre en estas fechas solemos pararnos un momento para hacer balance de nuestra vida, pero tened en cuenta que ese balance salvo casos extremos tiene un fuerte componente subjetivo. Rescatar lo positivo o quedarnos sólo con lo negativo es algo que no tiene que ver con la realidad en sí misma, sino con nuestra percepción de la misma.

El objetivo de hacer balance y de los propósitos de año nuevo no es borrar el pasado de un plumazo, como si nada en él fuera valioso porque no es cierto. Siempre algo se puede construir de las situaciones más difíciles, aunque sólo sea la experiencia de haberlas atravesado. Cada persona es responsable en última instancia de su existencia y si ésta no resulta satisfactoria debe preguntarse ¿qué puede hacer yo realmente para cambiarla? La respuesta nunca debe ser “nada”. Sean cuales sean las circunstancias, siempre hay un margen de actuación para la mejoría aunque a veces cuesta ver qué está en nuestra mano para lograr el cambio. Hay que ser realistas sin olvidarse de soñar, ajustar las expectativas a nuestras posibilidades sin dejar de buscar el cambio porque muchas veces son las pequeñas cosas las que suponen una gran diferencia. Y por último, considerad que todo lleva su proceso y su tiempo hasta conseguirlo, por lo que es mejor disfrutar del camino que obsesionarse con resultado.

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